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Ataque auditivo al picudo rojo
Un investigador alemán ha desarrollado un sensor capaz de detectar el voraz insecto en palmeras infestadas
FRANK FELDMEIER. PALMA. TRADUCCIÓN: D. GÜRTLER. Fritz Winken observa cómo muere una palmera. En éste concreto ejemplar, situado a unos cientos de metros de su finca de Felanitx, las palmas comenzaron a aclararse más y más. Se veían las hojas en tonos que iban del amarillo al gris en vez del color verde intenso, luego, las primeras cayeron al suelo. Después encima, el brote principal se inclinó hacia un lado. Ya no le quedaban dudas a Winken: esta palmera es víctima del picudo rojo -un parásito importado que amenaza con extenderse por Mallorca-.

"De unas de estas palmeras salen cientos de escarabajos", dice el alemán. "Uno puede imaginarse la potencia de proliferación". Por ello avisó hace unas semanas a la conselleria de Agricultura, después de reconocer en su palmera los primeras síntomas de la infestación.

Winken tiene ojo para los rastros que deja el picudo rojo. Es el encargado de una empresa dedicada a la jardinería y protección forestal; una de sus principales actividades consiste en combatir parásitos. Además coopera con un investigador alemán, que acaba de desarrollar un aparato capaz de detectar sin lugar a dudas las palmeras afectadas mediante un proceso acústico, tan sensible, que incluso permite oír los ruidos que hace el picudo rojo al masticar. Ahora pretende aplicarlos también en la isla.

Los primeros rastros del insecto fueron descubiertos en Mallorca a finales de 2006. La conselleria de Agricultura detectó el picudo rojo (Rhynchophorus ferrugieus) principalmente en las palmeras de las poblaciones en Pollença, Santanyí, Cala d´Or, Alaró, y el área metropolitana de Palma.

Trampas olfativas

"Hay un gran peligro", comenta el responsable del departamento, Joan Gomila, aunque desde comienzos del año se han detectado pocos parásitos, y sólo unas 20 palmeras infestadas. Para poder medir la extensión, colocaron trampas olfativas en unos 200 puntos, en las que han caído 173 picudos rojos. "Estamos tranquilos, pero atentos", añade Gomila . Winken, en cambio piensa que no se valora el peligro en su dimensión real y que la población de palmeras de Mallorca está seriamente amenazada. La datilera canaria (Phoenix canariensis) estaría especialmente afectada.

Con excepción del palmito, las palmeras en Mallorca no son plantas endémicas. Llegaron a la isla importadas, y con ellas como polizón, el picudo rojo. Su origen se encuentra en la zona de Indonesia, a España llegó al parecer desde Egipto, importantísimo punto de comercialización de las palmeras en el área mediterránea. Dado que el picudo rojo ya se ha extendido masivamente por el sur de España, también ha aumentado el riesgo para la importación desde ahí.

Una vez en la isla, el molesto escarabajo se encuentra como en casa. "En el peor de los casos, un solo animal es suficiente para infestar una palmera", avisa Benedikt von Laar, quien desarrolló el dispositivo de escucha. Habitualmente las hembras se aparean con varios machos antes de salir de la planta hospedante.

Los escarabajos adultos no comen de la planta hospedante, sino que las hembras taladran con su pico agujeros en los que depositan sus huevos. Dentro del tronco de la palmera se desarrolla la primera generación, la segunda sigue a los tres o cuatro meses. Este proceso se repite hasta que la palmera, debilitada estáticamente, se acaba rompiendo; es entonces cuando los escarabajos abandonan la planta, para atacar a la siguiente. "En Mallorca contamos con una o dos generaciones al año", dice Von Laar.

Resulta difícil pararle los pies al picudo rojo. A modo de prevención, se ha hecho obligatorio un certificado de origen para las palmeras, para controlar y registrar las plantas importadas. Cuando las autoridades identifican una palmera afectada, ésta se corta, quedando establecido un radio de seguridad de unos cinco kilómetros, en el que tienen vigencia normas de control más estrictas. Gomila, de la conselleria de Agricultura, comenta además que se está trabajando, en colaboración con otras regiones, en la detección del parásito y en combatirlo.

Muchos métodos habrían resultado inútiles, ya que sin pruebas previas habrían sido empleados uno tras uno contra el picudo rojo -sin éxito, dice Von Laar. No es partidario de combatirlo con productos químicos fuertes: "Al fin y al cabo, el escarabajo y sus fases de desarrollo están protegidos por el tronco de la palmera". En consecuencia, los venenos para paralizar el sistema nervioso llegan hasta donde hace falta, pero mientras tanto dañan los alrededores. "Hasta en países en los que se emplean pesticidas desde hace décadas, no se registran éxitos duraderos".

Incluso los cebos biológicos tienen sus pegas, según Von Laar. "Éstas trampas ayudan a la hora de apresar individuos, pero también aumentan el riesgo de fomentar, sin ser ésa la intención, la proliferación" . Ya que provocaríamos, que la atención de los escarabajos se dirija a palmeras sanas, avisa.

El aparato que esperan que ayude a localizar los picudos rojos en Mallorca tiene su origen en una solicitud de hace ocho años, proveniente de Arabia Saudí. En ese país les llamó la atención las investigaciones dedicadas a la localización de murciélagos y langostas viajeras que estaban siendo llevadas a cabo en la pequeña ciudad alemana de Klein Görnow, en la empresa de Von Laars, con sus esperanzas puestas en encontrar remedio al picudo rojo.

Así funciona el aparato de escucha: para poder situar el sensor, es necesario taladrar un agujero de ocho milímetros de diámetro en el tronco de la palmera. El que escucha, no sólo debe ser paciente -hasta que el fondo sonoro se recompone, pasan unos minutos tras taladrar- también debe ser experimentado, para saber clasificar los sonidos. "Escucharía toda clase de ruidos y sonidos", explica Von Laar, sólo un oído entrenado distinguirá el ruido de los animales al comer. En caso de duda, el oyente siempre podría acudir a la ayuda de una base de datos comparativos.

Cuando una palmera está infestada, se oyen prácticamente todo el tiempo ruidos. Debido al gigantesco número de huevos y el corto ciclo de desarrollo, suelen estar representadas todas las fases del desarrollo, explica el científico. "Con hasta 200 huevos por hembra, se puede calcular cuántos insectos están ahí dentro masticando a la vez."

Por ahora no se conoce un remedio eficaz, dice Winken, en primer lugar se debe trabajar para paralizar la proliferación. En vez de emplear fuertes sustancias químicas o trampas aromáticas, propone envolver las palmeras con una malla especial, que sirva de protección biomecánica: una malla tan estrecha que los escarabajos no puedan ni entrar ni salir. La envoltura serviría como medida preventiva en las palmeras sanas.

Winken propone, además, que se busque un enemigo natural para acabar con el picudo rojo. El alemán cita como ejemplo el lirón -un roedor- que naturalmente primero debería probar el insecto para comprobar que el sabor de este último es de su agrado.
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